A raíz de una controversia sobre política mantenida en otro blog nos hemos ido, he de decir que por mi culpa, a debatir sobre la guerra o, más concretamente, sobre la Guerra Civil española. El hecho de que hablando de política termine discutiendo sobre la guerra no es algo raro en mí, lo extraño sería que consiguiera mantener coherentemente una línea argumental recta. Al parecer mi mente no funciona como la del resto y eso provoca que cuando busco una idea a ésta se le asocien muchas otras, quejándose de la poca atención que les presto y lanzándose en tropel a disfrutar de su recién alcanzada libertad fuera al fin de mi subconsciente, donde seguramente habrán estado hasta el momento de asaltarme. Este abigarrado tropel de pensamientos me fastidia a veces y otras me hace, como ahora, sorprenderme de la capacidad de la memoria para retener datos o hechos completamente inútiles y en mi caso además que no recordaba conocer o siquiera haber leído. Al hilo de lo que cuento y a raíz de la discusión- conversación mantenida como digo, me ha venido a la mente una frase que estoy casi segura es de Jean Le Rond D’Alembert (si me equivoco corregidme) y que no estoy segura de dónde he sacado:
La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos
Os invito, si os apetece, a que reflexionéis sobre dicha máxima y me digáis, si lo tenéis a bien, lo que os pase por la mente.
Estoy de vuelta (es una amenaza) Y he vuelto para quedarme, aunque no sé con cuánta frecuencia podré intervenir en las interesantes conversaciones que se desarrollan. Quiero empezar disculpándome con todos aquellos amigos que amablemente se han preocupado por mí y a los que he tenido la inexcusable descortesía de no contestar en ocasiones, ha sido por motivos ajenos a mi voluntad y lo siento de corazón. Espero me permitáis seguir participando en vuestros blogs. Un abrazo a todos y gracias por no olvidarme, yo tampoco os he olvidado.
Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos
realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre
la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles
uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos
por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos
vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio
y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre
botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides
por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre
pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa
y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de verguenza
por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder
uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
Asif Ali Zardari no se lo cree. Es un milagro. A finales del año pasado estaba imputado en su país, Pakistán, por delitos muy graves, tenía una pésima reputación personal y sus cuentas en Suiza estaban congeladas. Ahora, sin embargo, es presidente de Pakistán y, desde esta nueva y privilegiada situación, se entrevistó ayer en Nueva York con el presidente más poderoso del mundo, George W. Bush.
Ambos personajes son muy queridos por todos o, al menos, deberían serlo, ya que sus aportaciones, tanto personales como profesionales, de los últimos años han conseguido hacer del mundo un lugar mejor, cada uno a su nivel y manera, claro.
El sr. Zardari es conocido en su país, según leyenda urbana que me permito transcribir, como mister 10%, debido a que ese porcentaje era la comisión que cobraba por arreglar amablemente los problemas que tenían inversores y empresarios con el gobierno. No parecía tener ambición política alguna y se diría que era feliz desde su privilegiada posición a la sombra poder. Pero se ha obrado un milagro sin precedentes y ahora, debido en parte al delicado momento que atraviesa su país y el mundo en general, tiene mucho más poder del que jamás hubiera soñado.
Tal milagro, sin embargo, ha requerido menos intervención divina de la que podría pensarse en un principio y, de hecho, se debe simplemente a su posición como privilegiado viudo de la legendaria Benazir Bhutto, que iba a ser, según todos los pronósticos, primera ministra de Pakistán gracias a una ambiciosa operación planeada en todos sus detalles por el gobierno de Bush en connivencia con el entonces presidente, general Musharraf, obligado a dimitir de su cargo en Agosto de este año, si no me falla la memoria.
Los detalles de este plan requerían, llegado el momento, blanquear el pasado y presente de su marido, convirtiéndolo en un consorte respetable para ella. Sin embargo, el brutal atentado de Diciembre lo cambió todo. Y él se vio, contra todo pronóstico, convertido en el jefe del Partido Popular Paquistaní para dar tiempo a su hijo mayor, estudiante en Gran Bretaña, a que se gradúe y le llegue el turno de heredar, confirmando así lo ya sabido: el partido es, en realidad, una dinastía que prevalece y prevalecerá en el Sind, sin competencia posible.
Así pues, Zardari, desde esta nueva posición increíble hasta el milagro, se entrevistó ayer con Bush, eligiendo además un momento muy oportuno y delicado, cuando los guerrilleros y terroristas locales están bastante crecidos, el ejército ataca a fondo sus reductos en las áreas más remotas del país (solo ayer murieron unos sesenta de ellos, si tampoco me falla la memoria) y la opinión pública, que consiguió echar a Musharraf del poder, se indigna por las operaciones americanas en suelo paquistaní, llevadas a cabo con la complacencia del gobierno de Zardari. Pakistán está, como casi siempre, al borde de una guerra civil, es el momento justo para pedir ayuda al chico mayor, más grande y fuerte, que de momento parece ser su amigo.
Y es que Asif Ali Zardari sabe perfectamente cuál es su papel en el escenario mundial y lo cumple a rajatabla, sin salirse del guión ni por un momento y, hemos de reconocérselo, incluso con cierta habilidad táctica y la experiencia que da el oficio. Su programa (¿valdrá llamarlo así?) es conocido y está muy bien resumido en un artículo que publicó en el diario conservador The Wall Street Journal poco antes de su elección por los parlamentarios: combatir el terrorismo (el enemigo común del que tanto habla Bush) hasta derrotarlo, salvaguardar la democracia y proteger la soberanía nacional. Y así lo dijo ayer en declaración pública. Claro que estos puntos, especialmente los dos últimos, nada tienen que ver con permitir al ejército norteamericano penetrar en su territorio desde Afganistán cada vez que desde la Casa Blanca lo crean conveniente. No importa que no le pidan permiso, que no intenten siquiera llegar a un acuerdo con él ni que se entere, seguramente por la prensa, cuando ya los soldados están dentro de sus fronteras, nada tiene que ver que esas incursiones sean sin ningún motivo aparente (o quizá ellos sí lo conocen). Todo eso, en resumen, nada importa porque Zardari tiene muy claro cuáles son sus objetivos y sabe que, para llevarlos a cabo, no es bueno pelearse con los chicos mayores.
Por su lado, Bush, además de cumplir en la entrevista con Zardari, renovando promesas y acuerdos, abrió ayer, como cada septiembre desde hace ocho años, la Asamblea General de la naciones unidas. Nadie lo mencionó, pero todos sabemos que es la última aparición de Bush en el podio de la ONU. A escasos dos meses de entregar el poder a quien elijan las urnas el 4 de noviembre, Bush se vio ayer en su intervención embargado por la necesidad de dejar una huella de su paso por la historia. Y dio un discurso nostálgico, remontándose a la fundación de la ONU, más de 60 años atrás, y diciendo, para sorpresa de todos, que “al igual que otras organizaciones multilaterales, se la necesita más urgentemente que nunca”.
Bush ha dejado para la historia su sello de cowboy solitario en guerra perpetua, por eso, siguiendo una línea bastante coherente seguía en su discurso de ayer obsesionado con su batalla contra el terrorismo (no podemos dejar de reconocerle coherencia en eso), tarea que depositó, sin embargo, al fin en manos de la ONU (con eso ya no es tan coherente, para invadir Irak se saltó toda resolución del organismo que le pusieron por delante y algunas más)
En su discurso, el presidente más poderoso del mundo dejó claro que pretende que el mundo continúe, en su ausencia, la misión de acabar con los terroristas que, en sus palabras, “rechazan las palabras de la Biblia, del Corán, del Torah o cualquier parámetro de conciencia o moralidad”.
Este año la cruzada de Naciones Unidas es, en realidad, volver a la utópica lucha contra el hambre y la pobreza en el mundo, pero Bush pasó de puntillas por ese llamado del secretario general Ban Ki-Moon y encargó labores específicas al mundo para que “en las décadas venideras continúen enfrentando el terrorismo con claridad de visión”
Bush se congratuló por el éxito en Afganistán (dudoso para el resto del mundo), donde la asistencia de la ONU y de la OTAN corroboran su modelo de colaboración global en las batallas que emprende EE UU.
Admitió, por otro lado, que en Irak «la lucha ha sido difícil», pero animó a todas las naciones ha reconocer el progreso que se ha hecho hacia la estabilidad «cualquiera que hayan sido nuestras diferencias». Y a continuación lanzó una severa recriminación a Rusia al advertir que la invasión de Georgia fue una violación de los principios de la Carta Magna de Naciones Unidas, que defiende los derechos de las naciones «grandes o pequeñas». Estos derechos no asisten, sin embargo, a países como Irak, Irán o Palestina o quizá es que la Carta Magna es vinculante para Rusia, pero no para EEUU.
De todas formas, a George W. Bush (gracias a Dios por eso) ya no le queda tiempo de emprender otra guerra, no obstante su sucesor potencial, John McCain, fue el primero este verano en animar a la comunidad internacional a actuar contra Rusia y ya hablé en otros post de las sensatísimas declaraciones al respecto de Sarah Palin, así que roguemos para que gane Obama, ya que, en palabras de Woody Allen, “Obama representa un enorme paso adelante respecto a los catastróficos, incompetentes y deshonestos ocho años que hemos padecido. Si el pueblo americano no le vota y prefiere a McCain sería catastrófico. Obama es mucho mejor que el otro candidato, así de simple”
Hoy es el primer día del otoño. Ayer, domingo 21 de septiembre, tuvo lugar a las 9:51 GMT el equinoccio de otoño en el Hemisferio Norte, que pone fin, astronómicamente hablando, al verano.
Los equinoccios tienen lugar cuando nuestro planeta pasa por dos puntos de su órbita alrededor del Sol denominados, en un alarde de imaginación, "puntos equinocciales".
Durante los equinoccios, ninguno de los hemisferios terrestres se encuentra inclinado hacia el Sol. De hecho, son los dos únicos días del año -tanto en otoño como en primavera- en los que el Sol sale exactamente por el este y se pone justo por el oeste. Otra particularidad de los equinoccios es que durante estos días, todos los lugares de la Tierra reciben luz solar a lo largo de exactamente doce horas y tienen una noche también de doce horas.
Y después de este tratado científico tan interesante (no me pongáis esa cara, por favor) debo decir que sé todo eso porque he estado leyendo mucho sobre los equinoccios y de verdad que son interesantes. Mis últimas lecturas y reflexiones sobre espiritualidad me han llevado a indagar, en la medida de lo posible o más bien de mis posibilidades, en el comienzo del interés del hombre por los dioses, el mundo espiritual, la intrahistoria y los rituales ancestrales. He descubierto, entre otras cosas igualmente interesantes, que desde tiempo inmemorial y debido a las particularidades anteriormente señaladas, los equinoccios se han considerado como días clave durante los cuales flotaba una energía especial, propicia para la celebración de rituales de agradecimiento a la madre tierra por sus dones y sobretodo de comienzo de un nuevo ciclo de vida.
Los ciclos naturales y especialmente los biológicos están muy en consonancia con los ciclos solares y lunares; las mareas dependen en gran medida de la Luna y los ciclos menstruales femeninos (vais a alucinar si no conocéis este dato) descubrí hace poco que también dependen en gran medida de la luna, de hecho en la antigüedad era habitual que a la mayoría de mujeres de un asentamiento les diese la menstruación a la vez, sus días fértiles y ciclos corporales estaban, por tanto, sincronizados a través generalmente de la luna llena (¿alucinante o no? Nunca mejor dicho, por cierto); también es habitual que las personas desequilibradas psicológicamente experimenten los picos más agudos de su enfermedad durante la luna llena: los psicópatas suelen cometer sus mayores atrocidades durante los días de luna llena especialmente en otoño y primavera (¿Vendrán de ahí expresiones como ‘estar en la luna’ o ‘ser un lunático’? Valdría la pena investigarlo)
Pero me estoy yendo completamente del tema, no es de la luna de lo que quería hablar, aunque también sea un tema interesante su control sobre los ciclos biológicos. Sin embargo, todo este rollo que he soltado venía porque eso que sabemos ahora gracias a estudios de concienzudos científicos y avances tecnológicos sin fin, los antiguos celtas, egipcios, íberos, indígenas americanos y un largo etcétera de culturas ancestrales lo conocían, pero de otra manera, gracias a una sabiduría ancestral que les permitía disfrutar y celebrar estos ciclos terrestres (perdón, antes he puesto ciclos solares y el sol no experimenta ciclos, ya que ahora sabemos que, aunque sigamos creyéndonos el ombligo del universo, la Tierra es la que se mueve y gira alrededor del amable Sol)
Entre las festividades y rituales mágicos más interesantes que he encontrado destacan dos que me han llamado la atención por lo que tienen de sabiduría y agradecimiento:
En primer lugar, la celebración de Mabon, de tradición europea (celta- gaélica), asociada a la segunda fiesta de la cosecha, que debe su nombre al dios Gales de la fertilidad masculina. Los Druidas la llamaban Mea'n Fo'mhair y honraban al Dios del Bosque ofreciendo libaciones de sidra y vino a los árboles. Era el momento de agradecer al Dios y a la Diosa las bendiciones otorgadas hasta ese momento, de mirar hacia los esfuerzos del pasado y ver el fruto que habían dado.
Se trataba de una festividad muy alegre que celebraba la abundancia y la generosidad de la Tierra y se completaba con la recolección del grano que comenzó en Lughnasadh (primera fiesta gaélica de la cosecha, que la tradición sitúa el 1 de Agosto). Pero se trataba también de un momento de equilibrio: las fuerzas de la oscuridad y de la luz se encontraban en igualdad (recordad: día de 12 horas exactas) Sin embargo, a partir de ese instante, la oscuridad iría ganando terreno hasta alcanzar su punto álgido en Yule (Solsticio de Invierno).
Según la tradición, el dios se debilita, envejece y pronto morirá con la llegada del Samhain (significa Final del Verano, se celebraba el 31 de Octubre, y se consideraba ‘noche de espíritus’ durante la cual las leyes terrestres del tiempo y el espacio quedaban temporalmente suspendidas y la barrera entre los mundos desaparecía. Durante esta noche celebraban el Año nuevo, que daba comienzo con la ‘estación oscura’. El cristianismo usurpó esta fiesta de profunda tradición gaélica y la convirtió en la festividad de Todos los Santos). Por tanto, era el momento, antes de que la oscuridad y el frío se apoderasen de la tierra y el dios de la fertilidad muriera, de prepararse y reflexionar sobre el ciclo de la vida (nacimiento, crecimiento, madurez y muerte), de recordar y aceptar que todas las cosas tienen un final, pero con la conclusión siempre de que cada final comporta asimismo un nuevo comienzo.
Algunas de las tradiciones de esta época, incluían rituales para cosechar y pisar la uva; recolectar hierbas; hacer coronas de hiedra y avellano para el dios anciano; hacer muñecas con cubiertas de mazorcas de maíz que representan la fertilidad de la diosa, su protección y su generosidad. También se hacían adornos en forma de Cornucopias como símbolo de la abundancia de las cosechas.
Las deidades más importantes veneradas eran: Mabon y su madre Modron. Además de todas las figuras de la Diosa Madre, que en ese momento pasaba a tomar su forma de Anciana. La Diosa Madre simboliza la fertilidad de la mujer y sus ciclos vitales en consonancia directa y evidente con los de la tierra, ambos muy importantes para la supervivencia y que eran celebrados siempre en todos los rituales.
El Equinoccio de Otoño marcaba, en resumen, el comienzo de una época de serenidad. El verano iba perdiendo fuerza y las hojas de los árboles comenzaban a dorarse y caer. Para el agricultor esto marca el fin de la época de trabajo, es el momento para que el hombre y la tierra descansen, la naturaleza invita a relajarse y reflexionar.
Para mañana dejo la festividad de la Luna de la Cosecha, que ya me estoy alargando mucho. Y gracias a todos los que hayáis leído este post tan largo.
Esta mañana me ha parecido que no iba a amanecer. Tan oscuro estaba el día y tan poco acostumbrados estamos aquí a que nubes de tormenta escondan el sol, que he creído que por algún misterioso motivo el despertador había sonado una hora antes, pero no era así y, aterrorizada, me he quedado mirando el cielo, expectante, como parecía estar la propia naturaleza, con la taza de café caliente aún entre las manos.
Me ha dado miedo, sí, como si presintiera algo lejano y oscuro avecinándose. Hacía mucho tiempo que no teníamos un día tan lúgubre, que yo recuerde en todo el invierno pasado no hubo ni un solo amanecer tan oscuro y triste, puede que el anterior tampoco.
Me he acordado entonces de otra mañana igual, de hace diez años, en la que el amanecer pareció retrasarse hasta que las nubes descargaron la tormenta sobre nosotros y hasta los pájaros, mudos y escondidos, esperaban la llegada del sol para revivir.
Esa mañana, como la de hoy, el silencio, antes de que empezaran a pasar madres con sus niños al colegio y coches apresurados, era sobrecogedor. Aquel día no tuve tiempo de disfrutarlo y solo mucho después, cuando ya el trauma del dolor había ido disminuyendo, me di cuenta de que la naturaleza había parecido conjugarse con nuestro estado de ánimo, en una suerte de confabulación que evitara un ambiente agradable y alegre de sol cuando nuestras almas estaban oscurecidas por uno de los dolores más terribles que me ha tocado pasar en la vida.
Sin embargo, cuando el dolor cedió un poco, dio paso a algo más terrible, la culpabilidad, pero ya para entonces el sol había vuelto y el cielo había dejado de compadecerse de mí.
“Pesan los muertos”, me decía una persona muy querida que también se fue para allá, “porque siempre quedan cosas que decir, cosas por hacer” Es cierto. Pasada la ineludible añoranza y el dolor del recuerdo, cuando ya somos capaces de evocar buenos momentos sin sentir que el alma es desgarrada por mil punzantes agujas, cuando ya solo nos queda amor por la persona que se fue y aceptación ante su marcha inevitable, llega enigmática y confusamente el remordimiento, como una sombra, por el peso lacerante de todo aquello que debimos haberle dicho, porque se fue sin saber “esto”, porque quizá no recordaba ya lo mucho que lo amábamos, porque se nos olvidó decirle qué tan importante había sido en nuestras vidas, porque siempre aplazábamos el abrazo o la tarde de paseo que esa persona deseaba y que, ahogados en un mar de obligaciones, nunca pudimos darle.
Eso también se pasa, nos consolamos pensando que lo sabía, que es una necedad pensar que él ignorara que lo amamos. La culpa, como todo en realidad, pasa con el tiempo, aunque en el fondo nada se olvide.
Siempre queda doliendo algo dentro, como un fantasma quejumbroso que solo viniera a presentarse mañanas como la de hoy, para recordarnos que no siempre fue así nuestra vida, para que no olvidemos. Molesta sin saber cómo ni porqué, se acomoda a nuestro lado y nos perturba como una piedrecita en el zapato o un malestar físico leve, que no fuéramos capaces de situar con exactitud.
Nunca volvemos a ser los mismos, aunque en apariencia lo parezcamos. Nunca volvemos a reír con la misma risa ni a llorar con las mismas lágrimas. Solo la risa de los niños es absolutamente sincera, solo su felicidad es franca y sin matices porque solo ellos ignoran el excesivo y trágico dolor que trae aparejada la muerte.
El mes que viene hace 25 años que murió mi madre. Mi padre, felizmente casado por segunda vez, me dice en ocasiones que aún sueña con ella y que hay veces que cree verla incluso despierto.
Murió recién casada, cuando yo tenía muy pocos meses de vida. La muerte me ha perseguido desde mi nacimiento como un amante pertinaz, pero ahora, después de un cuarto de siglo de convivencia, ya somos amigas. Me saluda cuando pasa a mi lado y hablamos horas interminables sobre el porqué de las cosas. Nunca me ha revelado los secretos que yo desearía desentrañar, pero me sonríe cuando la sorprendo observándome y ya no tengo miedo de sus miradas. He aprendido a aceptarla como algo inapelable y no del todo terrible.
La muerte ha estado tan a mi lado y tan desde siempre que muchos pensaron que yo nunca llegaría a nacer. El milagro de mi vida se lo debo completamente a mi madre, que decidió que yo naciera, a pesar de todo.
Pero no es de ella de quien hablo en este post o al menos no completamente; cuando ella se marchó, yo era un bebé de pocos meses y no soy capaz de recordarla. Ese olvido inexorable de los niños también me ha atormentado en ocasiones. ¿Cómo es posible que no recuerde ni su voz ni una sola de sus miradas? ¿Cómo es posible?
No sé porqué me ha dado por pensar en todo esto, debe ser que está muy triste y oscura la mañana.
Hace algún tiempo recibí la llamada de un colega, profesor de física. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado a un problema en su examen, pese a que la respuesta era absolutamente acertada, pero no demostraba si el alumno tenía o no conocimientos sobre la materia y sobretodo no era una respuesta convencional en un examen de física. Antes de suspenderlo y debido a su brillante trayectoria hasta entonces, el profesor, debido en gran parte a las peticiones de otros profesores y estudiantes, acordó pedir un arbitraje a alguien imparcial y me eligieron a mí.
La pregunta del examen decía:
“Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro”
El estudiante había respondido:
“Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco la cuerda y mido. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio”
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que lo quedaba escribió la siguiente respuesta: tomo el barómetro y lo lanzo al suelo desde la azotea del edificio, calculo el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la formula altura = 0,5 x aceleración x (tiempo al cuadrado). Y así obtenemos la altura del edificio.
En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.
"Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo tomas un barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple regla de tres, obtendremos también la altura del edificio."
Perfecto, le dije, ¿Y de otra manera?
Si, contestó, éste es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En éste método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la velocidad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio
En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de rotación
En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Pero probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y llamar a la casa del portero. Cuando abra, se le dice: "Señor portero, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo."
En este momento de la conversación, le pregunte sí no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares); evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser pionero en proponer el modelo del átomo con protones, neutrones y electrones. Sus innovadores estudios han sido fundamentales en las teorías de física cuántica.
* Famosa anécdota atribuida a Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en l908
Tengo miedo. El miedo, dicen, es uno de los sentimientos más habituales en el ser humano, de hecho, según tengo entendio, sentimos miedo, terror, pánico o cualquier otra variedad de canguelo todos los días. En ocasiones somos conscientes de ello, otras veces es simplemente ese run run sordo que te acompaña al cruzar una carretera con mucho tráfico o al deambular por una calle nada transitada, es algo que no tiene nombre, si te preguntan no dirías que te tienes miedo porque no eres consciente de sentirlo, pero ahí está, por lo visto nos acompaña siempre y es responsable de muchas de nuestras pesadillas y, en gran medida, de nuestros reflejos. Algún día quizá dedique un artículo algo más largo a este tema, que sinceramente me apasiona. Pero de momento quiero referirme a mis miedos actuales, que soy perfectamente consciente de sentir y que no me avergüenza reconocer. Decir ‘tengo miedo’ en este mundo de hoy en día en el que todos somos tan duros y tan valientes es casi, casi una declaración de principios o más bien una declaración de no tenerlos. Pero ya que todos sentimos miedo y además los míos de este momento son bastante razonables, aunque en realidad ningún miedo, por definición, pueda serlo, no me avergüenzo en absoluto de mis cobardes sentimientos y sí, lo digo y reconozco: tengo miedo.
Mis más que improbables lectores (robándole una frase a Carmen Posadas, que ella le robó a algún otro escritor) se preguntarán a qué viene decir: ‘Tengo miedo’ con tanta convicción y sin avergonzarse de ello; pensarán, no sin razón, que mejor estaría teniendo esos sentimientos tan vergonzantes bien guardados y no yendo aireándolos por ahí. Pero, ¿qué le vamos a hacer? No se me ha ocurrido otra forma mejor de expresar que he pasado de una preocupación abstracta por la situación del mundo a un miedo real de que el mismo mundo que he procurado siempre amar, a pesar de sus defectos, estalle en pedazos pillándonos a todos en medio.
Mejor que empiece por el principio. He visto un discurso del sr. Hugo Chávez instando al embajador norteamericano en Venezuela a que abandone su país en 72 horas, así como pidiendo a su embajador en EEUU que vuelva a casa. Es un gesto solidario con Bolivia y Evo Morales. Ha declarado que volverá a establecer relaciones con EEUU cuando tengan un nuevo gobierno. Ha acompañado este anuncio de un ‘aquí hay un país con dignidad’ precioso y un ‘idos al carajo, yanquis de mierda’ no tan precioso.
Hugo Chávez no podría haber elegido peor momento para insultar a EEUU, aunque en realidad ninguno sea malo para cabrear a Bush (ni bueno, si a eso vamos, podría decirme cualquiera) Porque, al mismo tiempo que Chávez hace esas declaraciones, hay dos aviones de guerra rusos (dos bombarderos estratégicos, cuya marca y modelo no recuerdo) probando sus alas en suelo y cielo venezolano. Putin los ha mandado como respuesta a EEUU, aunque según Chávez en realidad es un aviso al ‘imperio’ yanqui.
Y al mismo tiempo que en Latinoamérica ocurre todo esto, la sra. Sarah Palin, con su moño a lo Marge Simpson y sus gafas que causan furor en Japón, ha declarado en su primera entrevista para Tv., sin que le tiemble la voz en ningún momento, que si Rusia vuelve a atacar cualquier Estado generando otra crisis como la de Osetia y Georgia no descarta emprender una acción bélica contra el poderoso país del Este. También ha dicho que dará alas y dejará las manos libres a Israel y que no consentirá que Irán tenga energía nuclear. Está claro, para ella, que EEUU es el gran juez, jurado y verdugo del mundo entero. Por eso, no le tiembla la voz ni la conciencia al decir que declarará la guerra a Rusia ‘si fuera necesario’ porque Rusia no ha obrado bien, ‘invadiendo un país pequeño y democrático’. Sin embargo, no está mal, por lo visto, ni va contra la legalidad internacional que sus chicos, las tropas del ejército norteamericano, hayan cruzado por orden de la Casa Blancala frontera de Pakistán desde Afganistán sin permiso de nadie y sin haber alcanzado ningún acuerdo con Islamabad, lo cual supone prácticamente una declaración de guerra, es una invasión desde cualquier punto de vista, o quizá es que piensan emprender otra campaña ‘Libertad duradera’ en vista de los buenos resultados que les está dando la primera. Puede sonar a guasa, pero no me extrañaría nada porque hasta ‘sin pestañear’ la sra. Palin ha dicho que tiene ‘la misión de reforma el país y ganar la guerra’ y que deben rezar pensando, no que Dios lucha de su lado (como Bush ha repetido hasta la saciedad) sino que ellos (y solo ellos, por lo visto) luchan del lado de Dios. Todas estas declaraciones de Sarah Palin, lejos de asustar a sus hipotéticos votantes, la han hecho mucho más popular entre sus compatriotas ganando para su partido varios puntos en la carrera por la presidencia. Decidme ahora si los estadounidenses no están locos.
Y en medio de todo esto, a una distancia prudencial, pero no completamente seguros, nos encontramos nosotros, rezando, al menos yo, para que dejen al mundo seguir girando unos añitos más, que no nos lo acaben de una sola orden asesina y suicida. Sí, habéis leído bien, rezando, aunque no creo que al mismo Dios de cuyo lado lucha Palin.
No hay mucho para contar sobre mí, soy una persona normal con mis desequilibrios y mis traumas, pero también con mis momentos de sensatez y hasta de felicidad. Amo el cine y la lectura, con una buena novela entre mis manos me olvido del mundo. Y Odio el invierno y el frío, me gusta el sol, los días claros y luminosos, el mar y el calor.