Dice mi tía preferida que si rezas con fe Dios te concederá cualquier cosa que le pidas y que si no te la da es porque lo que quieres no es lo mejor para ti. Dios sabe porqué hace sus cosas, suele decirme. De pequeña yo solía razonar, ante esas aseveraciones, que entonces sería mejor no pedirle nada. Simplemente saludarle cada mañana, diciéndole: 'Hola, yo hoy voy a ser buena, tú encárgate de que todo lo demás vaya bien' Es un buen método, convino conmigo mi abuela cuando se lo comenté, pero mi tía pensó (y así me lo hizo saber) que era mejor rezarle con algo más de respeto.
He de reconocer que durante mi adolescencia y parte de mi juventud pasé muchos años sin rezar, pensando que no estaba segura de creer en Dios y que rezarle no servía de nada. Ahora sé que creo y sé que rezar sirve y mucho. Pero no creo en el Dios de mi tía ni en los rezos del catecismo. No creo en el Dios que te obliga a confesarte con intermediarios para concederte su perdón ni en el que condena el amor (aunque venga envuelto en formas que no entendemos) ni en el dios que no comprende las debilidades humanas. No creo en el dios que sacrifica en el altar del fanatismo los más nobles propósitos del hombre, envenenándolos tanto que dejan de ser lo que son para volverse crueldad, estupidez e intolerancia.
Mi dios es otro dios. Mi dios vive dentro de cada uno, está entre nuestra sangre y podemos oír su voz en cada latido del corazón. Mi dios es la luz que a veces nos calienta por dentro y nos hace sentir bien porque hemos hecho algo bueno. Mi dios me dice que no hay malas personas sino personas confundidas, que no hay formas erróneas de sentir amor porque el único error es no amar. Mi dios me dice que cada ser humano es un instante único, un hecho irrepetible. Mi dios me cuenta que ahora, justo ahora, en este momento, cada uno es lo más perfecto que puede ser y lo más hermoso que jamás será. Mi dios me dice que todo es posible y que si algo te parece muy difícil de conseguir lo único que pasa es que va a tardar un poco más en llegar hasta ti. Va a tardar justo el tiempo suficiente para que te convenzas de que realmente lo quieres y mereces.
Mi dios dice que sólo me ha impuesto una responsabilidad en la vida, una sola obligación: La de hacerme feliz a mí misma. Y eso es fácil recordando que cada amanecer, cada respiración, cada latido de la sangre, cada ola del mar, cada animal que nace, cada árbol y criatura es un milagro.


Creo que compartimos el mismo dios chavelita muy dentro y sin exhibicionismos, pero no se tolera. Ahora más que nunca parece que a Dios hay que manosearle, arrojarlo, imponerlo.
Llevo una temporada que no salgo de Francia hija y no sabes la tranquilidad que da un Estado laico y eso que gobierna la derecha ¡pero qué derecha! o será que como aquí no tuvimos Revolución Francesa ni de claveles postugueses las sectas ultramontanas vuelven a abrirse paso a empujones. Ese Dios de la JMJ no es el mío.
Besos guapa.
Hola, Isabel
Gracias por tu coment. Estoy bastante desconectada, pero de vez en cuando me apetece escribir. Mi Dios tampoco es el de la JMJ, pero está claro que no somos muchos los que pensamos así.
Besos