Tú
Esto es para ti, que estás tan lejos, que me lees cuando me vuelvo valiente y me atrevo a escribir. Tú y yo sabemos quien eres. Me han dicho que estás triste. Me han contado que has decidido quedarte solo y has prohibido que vuelvan a verte. Piensan que vas a dejarte derrotar, que la oscuridad, que desde hace más de un año te rodea, ha acabado al fin por introducirse en tu alma. Todo eso me cuenta tu hermana a punto de romperse delante de una taza de café y yo, sin embargo, no me dejo arrastrar por la compasión porque sé que no es verdad. No digo que ella mienta sino que tú la engañas porque sabes (sabemos) que no vas a dejarte vencer. Conozco la verdad (tu verdad, la mía, la nuestra) y sé, más allá de toda duda, que no vas a dejarte ganar por la oscuridad ni permitirás que el desánimo te derrote. Tú eres luz, eres radiante como un amanecer y sé de una forma absoluta, como se saben muy pocas cosas en la vida, que nada ni nadie podrá destruir lo mejor de tu alma, blanca y hermosa, igual que no se puede matar el sol ni apagarlo por mucho que algunas noches sean tan largas que parezca que nunca va a amanecer. No obstante, tú y yo sabemos que siempre amanece, sabemos que por frías y largas y oscuras que sean las noches de invierno el sol siempre vuelve a brillar por la mañana y que por duro, seco o penumbroso que sea el invierno el verano siempre vuelve luminoso y cálido; eso es algo infalible, seguro, sobre lo que no cabe duda, el sol siempre vuelve a brillar, igual que tú.
Tú y yo, tú más que yo, que hemos pasado tan malos tiempos, lo sabemos y es por eso que somos capaces de reír en mitad de la tormenta, cuando todos los demás estarían tan asustados, y pasar noches en vela solo para ver amanecer, cuando el sol era un terrible enemigo.
Nuestras tinieblas tienen luz, tú y yo no somos como los demás, nuestra oscuridad es luminosa, nuestros secretos son grandes verdades... tu risa es mi amanecer, tus palabras mi camino, tus manos son mis manos, tú y yo somos uno y, sin embargo, de tus lágrimas no sé nada. Nada conozco de derrotas ni rendiciones, no sé nada de oscuridades ni conozco la amargura en ti. A ese desconocido del que me hablan no lo reconozco, no creo haberlo visto nunca, no sé quien es. Mírate a los ojos y dime: ¿De verdad eres tú ese ser oscuro y vacío del que me habla tu hermana? O mejor, dítelo a ti mismo, ¿lo eres?
Sabes que no, aunque dijeras que sí, porque Tú lo puedes todo, lo eres todo, lo vales todo (¿acaso lo has olvidado?) Tú eres el alfa y el omega, eres el heredero del reino, eres lo más valioso. Único e irrepetible, en ti han confluido todas las fuerzas del universo de una forma exclusiva para crear un ser que jamás volverá a darse, que es imposible de copiar porque es uno con el universo y a la vez es individual e inigualable. Ese eres tú. Dios hecho carne en ti, el universo en ti, toda la fuerza de toda la historia de la humanidad dentro de ti, las experiencias de tantos otros vividas solo para llegar hasta ti, que eres especial y precioso como un diamante, mucho más valioso que el oro puro. Raza de dioses es la nuestra, oscuridad o luz no importan a nuestro alrededor, solo dentro de nosotros.
Recuérdalo, Dios en ti, no hay más dios que tú mismo no hay más luz que la de tu propia alma.



lilian fernandez dijo
Chavela, solo paso a saludarte, es muy personal para comentar, solo que a quien va dirigido tiene mucha suerte de tenerte
BESOS CIELO
21 Septiembre 2009 | 08:04 PM