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La Coctelera

chavela

Y, sin embargo, se mueve

30 Julio 2008

Sobre la pobreza

Si escribimos en Google los términos “desigualdad” y “desigualdad social” nos aparecerán 2.360.000 y 2.440.000 páginas en castellano respectivamente, si suponemos tímidamente que cada sitio de Internet podría darnos material para cinco o seis folios sobre el tema y contamos además los libros y artículos publicados nos encontramos con que el tema de la desigualdad social es uno de los más estudiados y publicitados durante los últimos dos siglos. Aunque ya con anterioridad había sido objeto de preocupación, hablo de los últimos dos siglos porque es a partir de la revolución industrial y especialmente al inicio del siglo XIX cuando la gran masa de población, desesperadamente pobre y anulada completamente respecto a derechos sociales y laborales, pasó de ser mayoritariamente campesina a convertirse en obrera en fábricas urbanas. Esto supuso el gran éxodo rural que hizo que miles de trabajadores agrarios se desplazaran a las ciudades buscando un mejor futuro, sin embrago se encontraron con que tenían que vivir hacinados en barrios suburbanos y trabajar en condiciones infrahumanas con horarios abusivos y sueldos de hambre, y no hay nada que empuje más a una población que la pobreza y el hambre de sus hijos. Así empezó la toma de conciencia sobre este enorme problema, no sólo por parte de los obreros que lo sufrían en propia carne, sino que también entre las clases adineradas empiezan a aparecer filósofos y economistas preocupados por el enorme abismo abierto entre burguesía y clase trabajadora y la mejor forma de paliar en la medida de lo posible los problemas derivados de ello, unos para no seguir pasando hambre, otros para no perder su privilegiada posición a manos de una furibunda masa empobrecida y hambrienta. A partir de entonces y hasta la actualidad ha habido miles de estudios, informes, artículos y libros sobre el tema sin que se haya encontrado una solución o ni siquiera llegado a un acuerdo sobre qué es pobreza y cuáles son sus causas, lo cual sería un paso importante.
No existen criterios uniformes sobre lo que debemos entender por pobreza y desigualdad. Todos creemos tener claro su significado y nos aventuramos a establecer parámetros entre los dos conceptos, convirtiendo el asunto en una auténtica torre de Babel. Las estadísticas que se ofrecen sobre el tema son tan variadas y contradictorias que al leerlas termina una preguntándose a quien creer y si es que no habrá unos indicadores claros, después de tantos análisis y estudio. Y la verdad es que no los hay. Lo ilustro con un ejemplo bastante clarificador: Un estudio reciente de la Oficina del censo en EEUU establece que en este país hay aproximadamente 35 millones de personas que podrían ser consideradas pobres o que viven con ingresos considerados por debajo del umbral de la pobreza, en una población de más de 265 millones de personas esto supone un 13% del total. En el mismo informe, la Oficina, que no publica los parámetros seguidos para establecer esta cifra, indica de que de entre estos 35 millones de pobres un 38% tiene vivienda en propiedad, el 62% posee un automóvil y el 97% tiene electrodomésticos como un televisor o frigorífico… A nosotros, desde nuestra posición de europeos, nos parecerá que eso no significa que no sean pobres, pero objetivamente también podemos y debemos pensar que en África hay sitios donde la gente sobrevive con menos de un euro al día y que jamás han visto ni verán un frigorífico, mucho menos lleno; o imaginemos a esos pobres de EEUU comparados con los habitantes de las favelas de Rio de Janeiro en Brasil… No es ni relativamente similar… lo que en EEUU o Europa sería o es calificado de pobreza no es comparable a la pobreza experimentada en otros países, los pobres a que hace referencia el Censo estadounidense serían considerados clase media acomodada en países como Haití o Sierra Leona.
Aunque está claro que la pobreza admite características objetivas que todos podemos compartir, también tiene aspectos relativos subjetivables según el país y el contexto histórico, que exigen un análisis más cuidadoso y un tratamiento delicado. Por ello, los analistas de la pobreza y desigualdad social, generalmente sociólogos o economistas, gustan de asignar grados de pobreza. Estableciendo así las diferencias entre un pobre europeo y otro africano, por citar un ejemplo. Y aunque nos resistamos a creerlo, para muchos de ellos, la solución al problema de la pobreza se encuentra en una ecuación diferencial que tuviera en cuenta las diferencias entre la economía de los países y las circunstancias sociales de los mismos. El comportamiento cualitativo de esta ecuación es un trasunto del comportamiento macroeconómico del país a tratar y el mundo en general. Ellos sienten que su ciencia adquiere aires de respetabilidad con la matematización de los conceptos, aunque esto lleve inevitablemente a conclusiones disparatadas.
Por otro lado, el concepto de pobreza, que tiene muchas implicaciones económicas, no ha sido muy estudiado por los economistas clásicos, ya que hasta hace unos años la pobreza era considerada un “efecto de superficie”, es decir, una manifestación de la presencia de desequilibrios en la economía de una sociedad y sobretodo de la ineficiencia en la utilización de los recursos. Después de la evolución de las políticas de las Organizaciones Internacionales (sobre todo del Banco Mundial) a partir de los años ’90, empieza a estudiarse más el concepto y encontramos diversas definiciones modernas de la pobreza:
Por un lado, definiciones de carácter cuantitativo basadas en niveles de renta y capacidad de consumo (una persona es pobre cuando tiene menos de 2 dólares/día, por ejemplo) que definen pobreza como la relación existente entre la renta y la capacidad mínima de consumo, es decir, la pobreza se define como un límite de consumo en bienes y servicios necesarios. Este límite se identifica con los ‘basic needs’ y comprende: Un conjunto de alimentos que corresponden al ‘Minimum Food-Energy Intake (FEI)’, es decir, la cantidad de calorías mínimas que una persona necesita para seguir viva; y un conjunto de bienes no alimentarios que se necesitan para procurarse ese Minimum FEI.
Por otro lado, definiciones de carácter cuantitativo basadas en indicadores sociales que definen pobreza como falta de capacidades fundamentales en el ámbito de la alimentación, la vivienda y la participación social. Este criterio de definición presenta algunos problemas porque tiene en cuenta bienes y servicios que no se encuentran en todas las sociedades ni tienen en ellas el mismo grado de importancia, tales como educación, salud, derechos civiles y políticos, etc. Sin embargo, este es el parámetro usado preferentemente por la ONU en sus definiciones de pobreza y, sobre esta base, las Naciones Unidas calculan el Índice Humano de Pobreza (Human Poverty Index – en adelante HPI), calculado de manera diferente para los ‘países en vías de desarrollo’ y ‘países industrializados’:
Para los ‘Países en vías de desarrollo’ el HPI se basa en parámetros como la esperanza de vida (inferior a 40 años significa pobreza extrema), la tasa de alfabetización adulta, el acceso de la población a bienes básicos como el agua potable o servicios de salud, la tasa de mortalidad infantil por debajo de los 5 años y especialmente el porcentaje de población que sufre malnutrición.
Para los ‘Países industrializados’ los parámetros son similares pero cambian en lo cualitativo y tienen en cuenta, entre otros, el porcentaje de población con una esperanza de vida por debajo de 65 años, las tasas de alfabetización funcional y de acceso a estudios superiores, y el porcentaje de población que vive por debajo de los umbrales de la pobreza nacional, es decir, que cuenta con unos ingresos inferiores al 50% del promedio nacional o que estén desempleados más de 12 meses consecutivos
Teniendo en cuenta los dos criterios, países desarrollados y en vías de desarrollo (este eufemismo me encanta, “Países en vías de desarrollo” como si efectivamente fueran a desarrollarse y salir del doloroso porcentaje del 80 o 90% de población que sufre malnutrición) podemos entender mejor las cifras lanzadas por la Oficina del censo de EEUU y su dolorosa comparación con las cifras de países como Costa de Marfil o la Rep. Democrática del Congo. Hace unos años (2005) los 20 países más pobres del mundo, según un informe de la ONU, se encontraban todos en África (Rwanda, Sierra Leona, Costa de Marfil, Liberia, etc.), esto no creo que sorprenda a nadie; sin embargo, desde 2006 y ocupando el sexto puesto en las listas de la pobreza se incluyó Afganistán, que desde entonces no ha abandonado tan desgarradora posición y algunos otros países asiáticos, aunque éstos son los que mejor están usando la ayuda extranjera (según fuentes de la ONU) y los que menos necesitaron de ésta en el último año (sin contar Afganistán, que la necesitó y mucho). La dependencia con respecto a las ayudas externas y planes de desarrollo también son tenidos muy en cuenta para situar los umbrales de pobreza entre los distintos países, especialmente por organismos como el FMI o el Banco Mundial.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

abril-ale

abril-ale dijo

Chaveli, lo peor es que la pobreza va galopante en todos los países del tercer mundo. En realidad según lo que leo, los pobres en Europa, sería como bien lo dijiste, la clase media acá. Y, es que acá más que pobreza es miseria. Imposible mantenerse insensible ante esa realidad que vemos día a día. Chaveli, ¿Qué hacer? Esa es la gran pregunta. A veces es tan frustrante, pero hay que seguir impulsándonos.

Un beso, bonita.

30 Julio 2008 | 09:07

chavela

chavela dijo

¿Qué hacer? Sí, esa es la gran pregunta a la que por lo visto todavía no han encontrado respuesta... El Banco Mundial opina que lo mejor sería dejar de envíar ayuda desde el exterior y obligar a esos países a que generen su propio capital interior... un disparate a todas luces porque sería como abnadonar a su suerte a países como Sierra Leona o Haití donde la gente sobrevive no vive y disponen de, por ejemplo, servicios médicos gracias a la ayuda externa... la solución no es dejarlos para que se busquen la vida, pero es complicado
Besos

31 Julio 2008 | 09:38

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Sobre mí

No hay mucho para contar sobre mí, soy una persona normal con mis desequilibrios y mis traumas, pero también con mis momentos de sensatez y hasta de felicidad. Amo el cine y la lectura, con una buena novela entre mis manos me olvido del mundo. Y Odio el invierno y el frío, me gusta el sol, los días claros y luminosos, el mar y el calor.
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