Mal de amores
El amor duele. Marlene tiene depresión. La he visto tan mal que le he dicho que pida la baja laboral. ‘¿Qué doctor va a darme la baja por el mal de amores?’ me ha respondido con una pregunta… ‘Por eso no, le digo, pero porque no duermes ni comes ni vives sí… o por lo menos que te recete algo’ ‘Si voy al doctor me mandan al loquero’ Puede que sea cierto, por eso me he callado. Mi prima estuvo un año en tratamiento psiquiátrico por un problema parecido y ahora está bien, pero a Marlene decirle eso es como decirle que está loca, no puede ni planteárselo.
El origen de todos sus males es que su esposo no deja a la mujer con la que vive, a ella la llama, la atosiga, le hace el amor de vez en cuando… pero de quedarse nada de nada, así sea de madrugada vuelve a la otra casa, según me cuenta Marlene. Y está desesperada, no sabe qué más hacer. Hasta se peleó con su bruja, pero no ha dejado de ir ni de pagar… le dice que tenga paciencia… ‘Y a mí ya no me queda’, me cuenta al borde de las lágrimas. ‘Olvídalo, búscate a otro que valga más la pena’ Le doy los mismos consejos que estos últimos días me están dando a mí, sé que de poco sirven, pero no hay mucho más que se pueda hacer.
Le he ido contando los últimos hechos acontecidos en mi vida porque yo sigo estrictamente la regla esa de ‘mal de muchos consuelo de tontos’ y le añado ahora algunos detalles con sentido del humor para que se ría, pero ya no ríe. Me observa con esa mirada húmeda de infinita tristeza y me dice que ojalá fuera tan fuerte como yo, que le gustaría ver la vida con mis ojos. A mí, en cambio, me gustaría verla con los suyos, calzarme un momento sus zapatos, estar dentro de su piel y así saber qué palabras mágicas decirle para que se sienta mejor… De nada sirven mis buenas intenciones, está destrozada. La he obligado a prometerme que esta tarde vamos a tomar una cerveza a algún sitio, me ha dicho que sí, que a las 8 me llama, sé que no lo hará o llamará solo para decirme que no puede venir. Él no quiere que salga sola y ella le obedece… pero él tampoco sale con ella porque no quiere que los vean juntos ‘por la otra’, así que no sale nada, nunca, ni a llevar al niño al parque y eso la está consumiendo, más incluso que el desamor.
- Marlene, deja de obedecerle, deja de acostarte con él… No se lo pongas tan fácil
- ¿Y qué hago?
- Déjalo…
Se queda callada, mirándome como si le hubiera dicho una locura que ella misma se hubiera planteado alguna vez, igual que si le hubiera dicho ‘suicídate’ y ella lo hubiera pensado antes como una posibilidad real.
No sé qué más puedo decirle porque entiendo su dolor y la empatía me impide recurrir a los lugares comunes y sobretodo no quiero hacerle más daño intentando que vea que ese hombre no la merece, así que tomo prestado un consejo de otra de mis primas, mejor dicho, de mi hermana de abuela, aunque no de padres. Lo adapto al caso de Marlene, que no es ni parecido al mío y le digo:
- Mira, cielo, si lo dejas, si le dices que no quieres verlo más, solo pueden pasar dos cosas y las dos son buenas: Si vuelve es porque te quiere de verdad y las cosas serán mejores, irá todo mejor porque se dará cuenta que puede perderte; y si no vuelve piensa que tú no quieres para nada a un hombre que no te quiere y además serás otra vez libre de hacer lo que quieras, de decidir en tu tiempo libre, de disfrutar, y mañana o pasado alguien se fijará en tu sonrisa y se enamorará de ti y seguro será alguien que te merezca más, que sea mejor.
- Yo no quiero a otro, lo quiero a él… Lo amo con toda mi alma.
No puedo razonar ante eso porque los sentimientos no son racionales. No hay nada que pueda decirle para que se sienta mejor y eso hace que yo también me sienta mal. Entonces le cuento el caso de mi otra prima, le digo que con anti-depresivos (de los que no soy muy partidaria, pero a veces…) se fue poniendo mejor, que fue al psicólogo… que el mal de amores hoy en día tiene cura… que lo que necesita es salir, hablar, reírse, contar lo que le pasa, que no es la primera ni la última que está enamorada de un hombre que no merece la pena. ‘Mal de muchos…’ Pero no sirve de nada. Me despido porque tengo que volver a la oficina y la dejo, con todo el dolor de mi corazón, mirando a la pared, con el alma hecha pedazos y al borde de las lágrimas. ‘Espero tu llamada’ ‘Sí, a las ocho’ Pero sé que no vendrá.










1971 dijo
cuantas cascaras hacen falta para hacer un monton?
23 Julio 2008 | 01:22 PM