Ninguna historia mítica lo es porque sí, a continuación una casi desconocida:

Cuando se habla de la cuna de la democracia se piensa en Atenas y la polis, pero es muy poco lo que se sabe en realidad acerca del origen de la democracia.

Es necesario tener en cuenta que la gran cultura que conocemos debe en gran parte su importante presencia a la difusión que hizo del arte nada menos que un tirano, Pisístrato, del cual la gente no se horrorizaba demasiado ni hacía mucho por derrocarlo.

Pisístrato fue un tirano griego que gobernó Atenas en 561 a.C., 559-556 y del 546-527 a.C, con muchos problemas, es cierto, pero se mantuvo en el poder o muy cerca y siempre pudo volver a Atenas, a su muerte (528/27) le sucedieron sus dos hijos, Hipías e Hiparco, que tomaron el poder de forma conjunta, aunque, según Tucídides, Hiparco no era más que un “fantoche”, ya que el verdadero poder lo ostentaba su hermano, Hipías.

Bien, el susodicho Hiparco se enamoró perdidamente de un joven llamado Harmodio, que, según Tucídides y Aristóteles, era un espléndido muchacho en la flor de la edad, y este amor marcó el final de una era y el principio de otra.

Pero vayamos por partes, el joven Harmodio ya tenía un amante, Aristogiton, ciudadano de clase media, también locamente enamorado del muchacho y ocurrió que Harmodio, cuando fue objeto de los requerimientos de Hiparco, siguiendo su deber, se lo comunicó a su amante... Aristogiton entonces se sintió muy dolido y a la vez temeroso de que el poder y riqueza de Hiparco consiguieran el amor del joven por la fuerza, así que se puso a idear la manera -en la medida que su posición lo permitía- de asesinar a los tiranos, aprovechando para ello el descontento político de la clase a la que pertenecía.

Hiparco, en tanto, ajeno a estas conspiraciones, seguía tratando de seducir al bello Harmodio, pero al no ver correspondido su amor, Harmodio estaba enamorado de Aristogiton, y sintiéndose, por tanto, rechazado y profundamente dolido, ideó una manera de devolver la humillación al muchacho y se dispuso a ultrajarlo de forma que el rechazo del joven no pareciera la causa. La venganza consistió en lo siguiente: Invitó a la hermana del muchacho, una doncella, a participar en las Panateneas como “canéfora”. Esta invitación implicaba un gran honor y a las doncellas participantes se les exigía una conducta intachable, ya que eran encargadas de llevar durante la procesión las ofrendas y objetos de culto para los dioses. Por lo tanto, ser invitada representaba ser considerada doncella de fama intachable y era tal vez una de las máximas aspiraciones de las jóvenes de clase acomodada. Pero cuando la muchacha se presentó, la despidieron sin más, negando en todo momento que la hubiesen invitado dado que no la consideraban digna de tal honor. Harmodio y Aristogiton se tomaron este hecho como una terrible ofensa, de hecho lo era para toda la familia de la joven humillada.

Así que el mismo día de la procesión consideraron llegado el momento de actuar. Fueron a por Hipías, pero como éste se encontraba entre una multitud, fueron puertas adentro de la residencia en busca de Hiparco, a quien encontraron en compañía de un amigo. Y así, Aristogiton por celos contra el que había intentado robarle al amor de su vida y Harmodio por las ofensas recibidas contra su familia, lo apuñalaron hasta matarlo. Aristogiton logró salvarse entre la multitud y no fue apresado, Harmodio en cambio encontró la muerte en el lugar de los hechos.

Esta historia pasó a los anales de los mitos atenienses como la azaña que terminó con la tiranía en Atenas e hizo posible la democracia y no fue necesario que el pueblo tomara las armas ni que el ejército se sublevara… simplemente hizo falta un drama de amor…

No fue el clamor de un pueblo democrático pidiendo libertad, sólo la belleza de Harmodio y su esplendorosa juventud, la cual enamoró a un monarca y provocó los celos de un amante… Tan sólo una historia de amor…

Esta historia es real hasta donde se sabe, tanto Tucídides como Aristóteles la citan como hecho histórico verídico

Pero, ¿Cuál era la realidad?, ¿acaso los dioses tenían hábitos muy distintos a los de los hombres? ¿Existían, tal vez, en un mundo irreal? ¿Acaso Aristogiton, enamorado de un muchacho adolescente, no era un hombre como los demás, acaso el mito se debe a que era un dios? No, simplemente así era en Atenas. Y en toda Grecia.

Próximos a la pubertad, los muchachos comenzaban a ser cortejados, no para vivir una aventura y después ser abandonados, sino que el amante maduro los corteja de manera perseverante y, una vez conseguido el objeto de sus deseos, los ama de forma estable, para demostrar así su hombría y la seriedad de sus intenciones. A la nobleza de intenciones corresponde la nobleza de la voluntaria sumisión del ser amado.

La homosexualidad no era una elección exclusiva, ni amar a otro hombre constituía una desviación o una excepción. Era solamente parte de la experiencia vital y no excluía, por tanto, el amor a una mujer ni la posibilidad de tener hijos.

En Atenas esta práctica ocupaba una posición sumamente importante en la formación política de los jóvenes, es decir, en su aprendizaje como ciudadanos; ya que como amados debían cumplir reglas precisas, resistirse al cortejo, rehuir al amante, parecer difíciles de conquistar.

El cortejo servía para mejorar y educar tanto al amante como al amado. Por tanto, si estaba tan reglamentado, si lo regía un código de ética estricto del cual el amante no podía prescindir, si este código existió, quiere decir que los amantes no actuaban fuera de las normas de la legalidad o de lo que era socialmente aceptado.

“El amor es feo solo si es ‘vulgar’. Cuando, en cambio, lo inspiran nobles sentimientos, es hermoso, y de ninguna manera debe avergonzar al joven seguir al amante” (Esquines)

Esta cita no expresaba la moral de una clase, o tan solo de la nobleza. Esquines era un orador, su profesión era escribir discursos para defender una causa ante los ciudadanos que se sentaban como jueces en los tribunales populares compuestos por personas no especialmente cultas, y por lo tanto, no especialmente dispuestos a aceptar interpretaciones demasiados sofisticadas ni elitistas. Esquines, buscaba lograr el apoyo del ciudadano medio. Lo que el orador decía sobre el amor y los muchachos no podía ser algo ajeno a la costumbre. Entre los textos de Esquines encontramos aquellos que nos cuentan que la ley prohibía a un esclavo cortejar o ser amante de un joven libre bajo pena de 50 latigazos. Pero la ley, sin embargo, no prohibía a un ciudadano amar o cortejar a un muchacho libre. La ley consagra que el joven puede tener honrosamente una relación con un adulto si, habiendo alcanzado la edad de la razón (más de 14 años), ha sabido elegir un buen amante.

Así son los hechos, ni dioses, ni mortales se hacían demasiado problema por el sexo de su amado, sólo por su belleza...