Sobre cartas a Bush, la guerra y los autores
Hablando de guerras, terrorismo y asesinos, me ha llegado por enésima vez al correo un texto llamado 'Carta a Bush'. Corre un rumor por internet que dice que la autoría de este texto corresponde al gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, de hecho el encabezado del mensaje reza: 'Carta a Bush de García Márquez, difusión al máximo'. Bien, su autor no sé quién es, pero No es García Márquez, el propio autor lo aclaró en el diario La Jornada de México, el 15 de Febrero de 2003, diciendo que se trataba de un panfleto que parecía escrito por gente de Bush para suscitarle respaldos y que le causaba vergüenza lo mal escrito que está, añadiendo que sus opiniones sobre la guerra pueden leerse en su artículo El Cataclismo de Damocles.
La carta en cuestión habla sobre los terribles hechos acaecidos en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, seguro que todos recordaremos la caída de las Torres Gemelas sin necesidad de más detalles.
Respecto a El Cataclismo de Damocles, es un artículo con la innegable calidad de García Márquez, aunque he leído otros también suyos más recientes, sobre la guerra o, más bien, sobre guerras en concreto que me han gustado más, de todas formas como el autor se refirió a ese artículo en referencia a sus opiniones sobre la guerra es ese el que voy a postear.
En principio, la verdad, sólo quería aclarar lo de la autoría de la bendita carta y nada más, pero he pensado postear los dos textos, sin expresar mi opinión respecto a ninguno de ellos, y que cada uno lea y comente el que le apetezca si le apetece.
Y perdon porque el post sea tan largo, ya digo que cada uno lea la parte que le apetezca o que le guste más y comente lo que quiera y si no que no comente nada.
¿Cómo se siente, yanqui?
¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en la sala del vecino?
¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo? ¿Cómo se vive, por un día, en tu propia casa, la incertidumbre de lo que va a pasar?
¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del “Enola Gay” dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80.000 hombres, mujeres y niños. Otros 250.000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.
¿Cómo se siente hoy el horror, cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de setiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado.
También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus “marines” salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista. ¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala, Granada.
Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor, cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941.
Pero siempre el horror estuvo lejos. Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo, en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas; en Vietnam la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.
Tu aviación no dejó una fábrica en pie, ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500.000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto. ¿Cuánta gente murió quemada, mutilada, acribillada, aplastada, desangrada, en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalía, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable?
En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en fábricas de tu país y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tú pudieras seguir gozando de “la forma de vida americana”. Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la “libertad” y de la “democracia”.
Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo -en este planeta donde cada día mueren 24.000 pobladores por hambre o enfermedades curables-, Estados Unidos no representa la libertad, sino que lo ven como a un enemigo lejano y terrible, que solo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible.
Y las víctimas han sido, en el 90 %, civiles, mujeres, ancianos, niños. ¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta, aunque sea por un solo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?
¿Cómo se siente el miedo? ¿Como se siente, yanqui, saber que la larga guerra, finalmente, el 11 de setiembre llegó a tu casa?
Por Gabriel García Márquez
Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo. Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo. Las nieves perpetuas cubrirán el desierto del Sahara, la vasta Amazonía desaparecerá de la faz del planeta destruido por el granizo, y la era del rock y de los corazones transplantados estará de regreso a su infancia glacial. Los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos.
Señores presidentes, señores primeros ministros, amigas, amigos:
Esto no es un mal plagio del delirio de Juan en su destierro de Patmos, sino la visión anticipada de un desastre cósmico que puede suceder en este mismo instante: la explosión -dirigida o accidental- de sólo una parte mínima del arsenal nuclear que duerme con un ojo y vela con el otro en las santabárbaras de las grandes potencias.
Así es: hoy, 6 de agosto de 1986, existen en el mundo más de 50.000 ojivas nucleares emplazadas. En términos caseros, esto quiere decir que cada ser humano, sin excluir a los niños, está sentado en un barril con unas cuatro toneladas de dinamita, cuya explosión total puede eliminar 12 veces todo rastro de vida en
El único consuelo de estas simplificaciones terroríficas -si de algo nos sirven-, es comprobar que la preservación de la vida humana en
En la asistencia infantil, por ejemplo, esto es una verdad de aritmética primaria.
En la salud, por ejemplo: con el costo de 10 portaviones nucleares Nimitz, de los 15 que van a fabricar los Estados Unidos antes del año 2000, podría realizarse un programa preventivo que protegiera en esos mismos 14 años a más de 1.000 millones de personas contra el paludismo, y evitara la muerte -sólo en África- de más de 14 millones de niños.
En la alimentación, por ejemplo: el año pasado había en el mundo, según cálculos de
En la educación, por ejemplo: con sólo dos submarinos atómicos tridente, de los 25 que planea fabricar el gobierno actual de los Estados Unidos, o con una cantidad similar de los submarinos Typhoon que está construyendo
Puede decirse, por último, que la cancelación de la deuda externa de todo el Tercer Mundo, y su recuperación económica durante 10 años, costaría poco más de la sexta parte de los gastos militares del mundo en ese mismo tiempo. Con todo, frente a este despilfarro económico descomunal, es todavía más inquietante y doloroso el despilfarro humano: la industria de la guerra mantiene en cautiverio al más grande contingente de sabios jamás reunido para empresa alguna en la historia de la humanidad. Gente nuestra, cuyo sitio natural no es allá sino aquí, en esta mesa, y cuya liberación es indispensable para que nos ayuden a crear, en el ámbito de la educación y la justicia, lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz.
A pesar de estas certidumbres dramáticas, la carrera de las armas no se concede un instante de tregua. Ahora, mientras almorzamos, se construyó una nueva ojiva nuclear. Mañana, cuando despertemos, habrá nueve más en los guadarneses de muerte del hemisferio de los ricos. Con lo que costará una sola alcanzaría -aunque sólo fuera por un domingo de otoño- para perfumar de sándalo las cataratas del Niágara.
Un gran novelista de nuestro tiempo se preguntó alguna vez si
Y no sólo de la inteligencia humana, sino de la inteligencia misma de la naturaleza, cuya finalidad escapa inclusive a la clarividencia de la poesía. Desde la aparición de la vida visible en










1971 dijo
El 11 S marco a muchisima gente, a mucha, pero a bush lo unico que le dolio fue el corazon al saber la de millones que el y sus amigos se iban a comer a cuenta de las guerras y se iban a embolsar para hacer su vida mejor a cambio de miles de soldados muertos, bush para mi es el mayor hipocrita que ha tenido los estados unidos de america.
2 Julio 2008 | 05:39 PM