Un poco de todo: entre la crisis y un mar de confusiones
Ahora que todo el mundo está tan nervioso con la huelga de transportes, que estamos viendo imágenes violentas y francamente desagradables protagonizadas por camioneros y que todo el mundo, al parecer, tiene una opinión al respecto, yo no voy a hablar de eso. También tengo una opinión, claro, y lo estoy viviendo muy de cerca por varias razones, pero no pienso unirme a este coro desafinado de gente que le echa la culpa al gobierno o que no entiende porqué este paro nos afecta tanto a todos y se le está dando tanta publicidad o que, al entenderlo, comenta lo malos que son los camioneros por no dejarnos vivir en paz a los demás. Yo, como digo, no voy a dar mi opinión, aunque los que me conozcan sabrán que está muy clara. Sólo dos notitas al pie y paso a otra cosa mariposa. La huelga, está claro para todos creo, es un instrumento de presión contra el gobierno. El que haya una huelga no quiere decir que lo que pasa sea culpa del gobierno, pero sí que al gobierno corresponde gestionar la crisis en cuestión y, en último término, solucionarla si puede. No sé porque no soy economista y las cuestiones económicas me aburren mortalmente, aunque procuro mantenerme informada para saber, al menos, por que lado me van a caer las hostias esta vez, pero, como digo, no sé si la economía española en este momento permitirá al gobierno subvencionar para las empresas de transporte los precios del combustible o asumir la subida del petróleo o qué otra cosa podrá hacer para que los transportitas autónomos y las PYMES no se arruinen y nos arruinen a todos por el camino. Ya, durante la crisis del petróleo de 1973, el gobierno español del momento (todos sabemos quién era el plenipotenciario hombre del momento, creo) asumió totalmente el incremento del barril de petróleo haciendo que ello no repercutiera en los bolsillos del pueblo llano, lo cual es de agradecer, pero provocando una quiebra en la ya de por sí muy débil economía nacional, que no se solucionó hasta la llegada al poder de Felipe González y que a éste le costó huelgas indefinidas, ERE's por un tubo y muchas otras cosas, porque gestionar una crisis es siempre más difícil que navegar en la bonanza y más en un país acostumbrado hasta el momento a casi no pagar impuestos y a que las empresas navegaran gracias a las subvenciones estatales sorteando los arrecifes de la quiebra. El cierre de muchas empresas estatales totalmente innecesarias y la retirada de fondos gubernamentales para otras muchas provocó cientos de despidos, huelgas indefinidas, expedientes de regulación de empleo y muchas negociaciones con sindicatos y patronal, pero, a costa tal vez de todo esto, España dejó de ser un país tercer mundista.
Y ahora, 20 años después, estamos a punto de volver al tercer mundo. No en lo tocante a economía nacional, que de eso no controlo, pero sí en los que se refiere a cosas cotidianas que son las que realmente nos afectan. En las tiendas ya falta pescado, carne, fruta y un largo etcétera, además hoy leo en el periódico que la Hefame teme que en unos días empiecen a faltar medicinas, en dos gasolineras me han dicho hoy que no queda gasóleo, aunque sí gasolina y hay una enorme cantidad de gente, temporeros, que ahora, que se había superado más o menos la crisis agrícola y empezaba la cosecha de fruta y el trabajo en los almacenes, han vuelto a quedarse parados mientras la materia prima, frutas y hortalizas, se pudre en campos y almacenes porque no hay quien las transporte, también la construcción está parando y peones y oficiales están buscando su sitio en otros sectores o, en último caso, el paro. Toda esta gente no tiene qué comer ni cómo pagar un alquiler (mucho menos una hipóteca) ni esperanzas de que todo esto se solucione pronto y los que seguimos trabajando duramente llegamos a final de mes y vadeamos también el miedo, cada uno a su manera, de que nuestro jefe en cualquier momento nos diga: 'vamos a cerrar esa delegación' o 'hay que despedir a dos personas' o 'el trabajo que haceis entre tres lo podría llevar solo uno' y sumarnos entonces a los muchos, cientos, de desesperados que buscan una oportunidad de vida digna donde sea, haciendo el trabajo que sea. La gente ya no viene a mí, como antes, 'es que me han dicho que presentando una nómina y el contrato me gestionais la subvención por lo de mi hijo', no, ahora vienen '¿no habrá algo por ahí que usted se haya enterado? De lo que sea, yo me adapto, es que ya llevo dos meses parada y tengo un niño pequeño' Las cifras del paro son mentira, hay mucha, pero mucha gente que no trabaja y no se apunta al paro, que busca una oportunidad donde sea porque la han parado y tiene que vivir.
Mi abuela dice que esto es como volver a la posguerra cuando no había de nada y los hombres salían todas las mañanas a buscar algo para alimentar a sus hijos el día siguiente.
¡Qué pesimista me esto poniendo! y ¡Qué imagen tan terrible estoy pintando de mi amada tierra! Amada sí, aunque sólo me dí cuenta de lo mucho que amaba España luego de pasar 2 meses en el extranjero y mira que yo siempre digo que la patria es un verso y que lo que se echa de menos no es un país sino a tu gente, tu casa, tu barrio, pero en secreto os diré que sí amo España y me duele cuando me la critican o humillan, cuando abusan de ella o la siento vapuleada como ahora parece que es a mí misma a quien maltratan y se me hace un nudo de rabia en el estómago, pero a veces, como ahora, no sé a quien echarle la culpa ni contra quien cargar. Habrá que ver como lo gestiona el gobierno, que debe actuar en la defensa de todos, y cómo nos saca de esta.
Y que a nadie se le ocurra decirme que lo de amar la patria es un sentimiento facha! que mañana os clavo todos los cantos repúblicanos de la guerra civil. Que para mucha gente estar orgulloso de ser español es sinónimo de ser fascista y no hay derecho. Que no hay nada más hermoso que amar y defender lo nuestro, y además me di cuenta hace ya algún tiempo que vivir en este país, a este lado de la valla de la inmigración por ejemplo, es un privilegio por el que hay que estar agradecidos y que debemos procurar no perder en medio de la crisis.

