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chavela

Y, sin embargo, se mueve

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15 Mayo 2008

¿Y qué?

'Y qué?', menuda respuesta tan estúpida. 'Es que siento que ya no te quiero', y él había respondido 'y qué?' y ella se quedó mirándolo como si le acabara de hacer un daño impensable, como si la acabara de herir y abandonar, cuando era ella la que lo estaba dejando a él. Así de simple había sido, dos años de relación se habían ido sin más y él se quedó pensando que fue su estúpida respuesta lo que había provocado la ruptura y, por ende, el dolor que ahora le atenazaba la boca del estómago y no el cruel 'ya no te quiero' que ella le había escupido en la cara. Se le quedó la sensación de culpa porque ella no respondió nada a la lacónica pregunta- respuesta, si no que se quedó mirándolo con ojos de ciervo moribundo (era maestra en miradas con un doctorado en manipulación) y desapareció por la boca del metro. Así de simple había sido, así de fácil.

Por eso, a pesar del aire frío que soplaba y de las amenazadoras nubes, decidió volver a su casa dando un paseo, en vez de coger el bus. Craso error. Llevaba una sudadera fina, de entre tiempo, y, en cuanto estuvo lo bastante cerca como para que no mereciera la pena esperar el autobús, pero aún lo bastante lejos para acabar hecho una sopa, empezó a llover. No fue una llovizna fina, tan típica en la ciudad, no, fue una lluvia que parecía el puto diluvio universal, una lluvia como si se fuera a acabar el mundo.

Y él siguió andando porque casi no le merecía la pena correr ahora que su vida terminaba y porque de todas formas no iba a llegar más seco si se mataba de una carrera. Se refugiaba en los balcones, andaba evitando charcos y estaba aún relativamente seco cuando un mercedes a toda pastilla lo bañó de la cabeza a los pies. Le enseñó su dedo corazón a las luces traseras del coche a la vez que gritaba: 'Hijo de puta!' con toda su alma. A continuación, se quedó un momento parado y le entró una risa histérica, de esas que no hay forma de parar. Ahora sí que de verdad, de verdad de la buena, palabrita del niño Jesús, todo era una puta mierda, ahora sí.

Conoció a Ana cuando su vida aún tenía sentido, cuando era un buen estudiante de empresariales, y sus únicos vicios eran salir con los colegas y meterse una ralla muy de vez en cuando. Entonces él era un peluche al que todas las chicas querían abrazar y llevarse a dormir a casa, un chico guapo, simpático, tierno, que siempre tenía dinero y que caía bien a todo el mundo. Y ella era guapa, muy guapa y prometedora. Seguía siéndolo, pero él no. Y no era capaz de recordar en qué momento todo se había ido a tomar por el culo. Y ella le había perdonado una y otra vez, le había prestado dinero para pagar las deudas de la coca (dinero que nunca había podido devolverle), le había recogido en urgencias después de alguna pelea, le había ayudado siempre... Y ahora, ahora que la necesitaba más que nunca, que el chino le amenazaba con matarlo si no le pagaba lo que le debía, ahora que estaba más en la mierda que nunca, llegaba ella con su preciosa carita y su mirada triste a decirle que ya no le quería. A la mierda, a tomar por culo la muy puta... No, por eso se sentía culpable, por eso tenía un nudo en el estómago, por eso no paraba de pensar en los preciosos ojos azules mirándolo doloridos, porque sabía que era culpa suya, no de la sociedad, ni de los amigos, ni de la maldita droga, ni de sus padres, ni de nadie, era total y absolutamente culpa suya... Pero no podía recordar en qué momento todo se había ido a la mierda.

Y ahora estaba allí, de pie bajo la lluvia como un jilipollas, pensando en el dinero que le debía al chino, en todos los colegas que ya no contestaban al móvil y en sus preciosos ojos diciéndole 'ya no te quiero'

¿Y qué? No era una respuesta tan estúpida después de todo. ¿Y qué si los únicos amigos que le quedaban eran los que solo querían aprovecharse de él cuando tenía dinero? ¿Y qué si Ana ya no lo quería? ¿Y qué si su madre lloraba por él día sí, día también? ¿Y qué si había suspendido? ¿Y qué si el chino lo mataba porque era absoluta, total y previsiblemente imposible que consiguiera 2.500€ antes del sábado? ¿Y qué? Todos a tomar por culo, a la mierda el mundo y la lluvia y su familia y el puto sentimiento de culpa que no le dejaba respirar. A la mierda.

Casi se cae, tropezó con algo que colgaba en la acera desde un portal. Al darse la vuelta lo vio. Unas piernas esqueléticas, envueltas en lo que parecía ser un pijama andrajoso, salían del portal. Un yonqui se había refugiado allí de la lluvia. Debía de tener su edad, aunque parecía un cadáver. Mechones de pelo grasiento caían sobre un rostro que parecía momificado. Mejillas hundidas, piel como papel de fumar, ojos vacíos... 'Es tu futuro, chaval' Qué va, yo no, a mí la heroína no. 'Eso decías de la coca' Nervioso buscó en los bolsillos del pantalón y sacó 30€, todo lo que le tenía en el mundo. Una mano temblorosa salió de entre los despojos de aquel cuerpo extendida, esperando la limosna, un euro, dos... se lo dio todo. No fue por el sentimiento de culpa, no fue por pena ni compasión ni solidaridad, no era capaz de decir porqué había hecho algo tan estúpido, 30€ a un yonqui, todo lo que le quedaba. ¿Y qué? Era mejor que gastárselos en otra cosa. Siguió andando calle abajo, a la vuelta de la esquina estaba su casa. Ya estaba llegando. Se ducharía, se pondría ropa seca y su madre le haría la cena. Se iría a la cama sin hambre ni frío y se acostaría bien arropado sobre un colchón nuevo, que su madre había comprado para cuidarle la espalda. El pobre desgraciado de la calle quizá ni siquiera dormiría hasta que consiguiera su siguiente dosis. Los 30€ mejor usados de su vida.

Se sentía mejor, ya no le importaba tanto que al día siguiente fuera jueves y que el fatídico sábado estuviera solo a la vuelta de la esquina, ni tener que esconderse de todos los amigos a los que debía dinero, ni lo que había pasado con Ana ni las miradas de doloroso reproche de su madre, que hacía tiempo no se atrevía casi ni a hablar con él. Ya no, el mundo de pronto le parecía un lugar mejor. Ni siquiera le molestó, al menos no mucho, que justo cuando llegaba al portal de su casa dejara de llover de golpe y el cielo se cuajara de estrellas, aunque sin saber porqué se acordó de toda la familia, ascendientes y descendientes, del cabrón desgraciado de Noé y su puta arca.

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Sobre mí

No hay mucho para contar sobre mí, soy una persona normal con mis desequilibrios y mis traumas, pero también con mis momentos de sensatez y hasta de felicidad. Amo el cine y la lectura, con una buena novela entre mis manos me olvido del mundo. Y Odio el invierno y el frío, me gusta el sol, los días claros y luminosos, el mar y el calor.
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