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La Coctelera

Yo también...

Yo también tengo un deseo inconfesable y un amor inolvidable, yo también he dicho 'Me alegro por ti', aunque por dentro me estaba muriendo... A mí también se me ha podrido la sangre en las venas al oír lo que no quería, yo también he notado cómo me trepaba la angustia por la garganta al entenderlo todo por fin, yo también he creído que era posible lo imposible (sí, sí posible, al fin), yo también me he tragado lágrimas que me ahogaban por dentro porque el orgullo me ahogaba más. Yo también he dicho todo, todo, todo porque ya no podía más y después he pensado '¿Para qué lo dije?' Yo también me he hecho la dormida porque no me apetecía hablar; yo también me he ilusionado ante la sonrisa, la palabra, el saludo, el roce involuntario y he pensado '¿Estará como yo?' Yo también tengo ese secreto que me quema por dentro y pienso que mi presente acabará inevitablemente conociendo a mi pasado, y que ese será el momento fundamental en que me descubra y me abandone. Yo también me he arrepentido de no esperar un poco más, de no luchar con un poco más de fuerza, de no ser capaz de tragarme tanta soberbia; yo también pensaba que si deseas algo de verdad, de corazón, sin malas intenciones ni dobleces, ese deseo se realiza, pero he descubierto que no siempre es así. Yo también me he dado cuenta de que a veces la vida supera a la ficción; Yo también he sufrido un dolor tan hondo, tan lacerante e inverosimil, que he pensado que no sobreviviría, que esta vez de verdad mi corazón ya no podría más y se pararía; yo también he mirado a unos ojos sabiéndolos llenos de amor y he pensado '¿Verá lo mismo en los míos?'; a mí también se me puesto la piel de gallina y cientos de mariposas me han aleteado en el estómago sólo porque me ha mirado; yo también he olido un rastro de perfume y miles de recuerdos se me han agolpado en la garganta; yo también he esperado con una sonrisa a que se calle alguien a quien no me apetecía escuchar; yo también me he ido de alguna parte cuando más me apetecía quedarme; yo también he reprimido tanto algunos sentimientos que ahora me atormentan en sueños; yo también he sufrido por la mañana al recordar un sueño y no estar segura de si habré hablado dormida y mi presente habrá escuchado lo que siento sobre mi pasado; yo también me he despertado con unas ganas tremendas de llorar y me las he tragado porque no tenía cómo explicar ese llanto; yo también he sentido que el amor, como decía Ghandi, es aquello que dura el tiempo justo para ser inolvidable; yo también he reido hasta que me ha dolido el estómago sin darme cuenta de que esos momentos de felicidad son irrepetibles; yo también he dicho 'Mañana' sabiendo que ese mañana nunca llegaría; yo también me he dado cuenta de que espero algo que nunca pasará

Milagros

Dice mi tía preferida que si rezas con fe Dios te concederá cualquier cosa que le pidas y que si no te la da es porque lo que quieres no es lo mejor para ti. Dios sabe porqué hace sus cosas, suele decirme. De pequeña yo solía razonar, ante esas aseveraciones, que entonces sería mejor no pedirle nada. Simplemente saludarle cada mañana, diciéndole: 'Hola, yo hoy voy a ser buena, tú encárgate de que todo lo demás vaya bien' Es un buen método, convino conmigo mi abuela cuando se lo comenté, pero mi tía pensó (y así me lo hizo saber) que era mejor rezarle con algo más de respeto.

He de reconocer que durante mi adolescencia y parte de mi juventud pasé muchos años sin rezar, pensando que no estaba segura de creer en Dios y que rezarle no servía de nada. Ahora sé que creo y sé que rezar sirve y mucho. Pero no creo en el Dios de mi tía ni en los rezos del catecismo. No creo en el Dios que te obliga a confesarte con intermediarios para concederte su perdón ni en el que condena el amor (aunque venga envuelto en formas que no entendemos) ni en el dios que no comprende las debilidades humanas. No creo en el dios que sacrifica en el altar del fanatismo los más nobles propósitos del hombre, envenenándolos tanto que dejan de ser lo que son para volverse crueldad, estupidez e intolerancia.

Mi dios es otro dios. Mi dios vive dentro de cada uno, está entre nuestra sangre y podemos oír su voz en cada latido del corazón. Mi dios es la luz que a veces nos calienta por dentro y nos hace sentir bien porque hemos hecho algo bueno. Mi dios me dice que no hay malas personas sino personas confundidas, que no hay formas erróneas de sentir amor porque el único error es no amar. Mi dios me dice que cada ser humano es un instante único, un hecho irrepetible. Mi dios me cuenta que ahora, justo ahora, en este momento, cada uno es lo más perfecto que puede ser y lo más hermoso que jamás será. Mi dios me dice que todo es posible y que si algo te parece muy difícil de conseguir lo único que pasa es que va a tardar un poco más en llegar hasta ti. Va a tardar justo el tiempo suficiente para que te convenzas de que realmente lo quieres y mereces.

Mi dios dice que sólo me ha impuesto una responsabilidad en la vida, una sola obligación: La de hacerme feliz a mí misma. Y eso es fácil recordando que cada amanecer, cada respiración, cada latido de la sangre, cada ola del mar, cada animal que nace, cada árbol y criatura es un milagro.

Los nadies

 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan

los nadies con salir de pobres, que algún mágico día

llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros

la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni

hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo

la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y

aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el

pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la

liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la

crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los

mata.

 

Eduardo Galeano (Extraido de 'El libro de los abrazos')

Celebración de la amistad

En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.

En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...

-Llave, por llave -me dice Mario Benedetti.

Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.

 

Eduardo Galeano

 Esto es para ti, que estás tan lejos, que me lees cuando me vuelvo valiente y me atrevo a escribir. Tú y yo sabemos quien eres. Me han dicho que estás triste. Me han contado que has decidido quedarte solo y has prohibido que vuelvan a verte. Piensan que vas a dejarte derrotar, que la oscuridad, que desde hace más de un año te rodea, ha acabado al fin por introducirse en tu alma. Todo eso me cuenta tu hermana a punto de romperse delante de una taza de café y yo, sin embargo, no me dejo arrastrar por la compasión porque sé que no es verdad. No digo que ella mienta sino que tú la engañas porque sabes (sabemos) que no vas a dejarte vencer. Conozco la verdad (tu verdad, la mía, la nuestra) y sé, más allá de toda duda, que no vas a dejarte ganar por la oscuridad ni permitirás que el desánimo te derrote. Tú eres luz, eres radiante como un amanecer y sé de una forma absoluta, como se saben muy pocas cosas en la vida, que nada ni nadie podrá destruir lo mejor de tu alma, blanca y hermosa, igual que no se puede matar el sol ni apagarlo por mucho que algunas noches sean tan largas que parezca que nunca va a amanecer. No obstante, tú y yo sabemos que siempre amanece, sabemos que por frías y largas y oscuras que sean las noches de invierno el sol siempre vuelve a brillar por la mañana y que por duro, seco o penumbroso que sea el invierno el verano siempre vuelve luminoso y cálido; eso es algo infalible, seguro, sobre lo que no cabe duda, el sol siempre vuelve a brillar, igual que tú.

Tú y yo, tú más que yo, que hemos pasado tan malos tiempos, lo sabemos y es por eso que somos capaces de reír en mitad de la tormenta, cuando todos los demás estarían tan asustados, y pasar noches en vela solo para ver amanecer, cuando el sol era un terrible enemigo.

 Nuestras tinieblas tienen luz, tú y yo no somos como los demás, nuestra oscuridad es luminosa, nuestros secretos son grandes verdades... tu risa es mi amanecer, tus palabras mi camino, tus manos son mis manos, tú y yo somos uno y, sin embargo, de tus lágrimas no sé nada. Nada conozco de derrotas ni rendiciones, no sé nada de oscuridades ni conozco la amargura en ti. A ese desconocido del que me hablan no lo reconozco, no creo haberlo visto nunca, no sé quien es. Mírate a los ojos y dime: ¿De verdad eres tú ese ser oscuro y vacío del que me habla tu hermana? O mejor, dítelo a ti mismo, ¿lo eres?

Sabes que no, aunque dijeras que sí, porque Tú lo puedes todo, lo eres todo, lo vales todo (¿acaso lo has olvidado?) Tú eres el alfa y el omega, eres el heredero del reino, eres lo más valioso. Único e irrepetible, en ti han confluido todas las fuerzas del universo de una forma exclusiva para crear un ser que jamás volverá a darse, que es imposible de copiar porque es uno con el universo y a la vez es individual e inigualable. Ese eres tú. Dios hecho carne en ti, el universo en ti, toda la fuerza de toda la historia de la humanidad dentro de ti, las experiencias de tantos otros vividas solo para llegar hasta ti, que eres especial y precioso como un diamante, mucho más valioso que el oro puro. Raza de dioses es la nuestra, oscuridad o luz no importan a nuestro alrededor, solo dentro de nosotros.

Recuérdalo, Dios en ti, no hay más dios que tú mismo no hay más luz que la de tu propia alma.

Despedida

Voy a ausentarme durante un tiempo, no sé cuanto. Siento dejar la historia que estaba publicando a medias, y lo lamento más por mí, que me apetecía compartirla, que por vosotros, que amablemente la habéis seguido y comentado sin hacerme notar que la calidad de la redacción no era la mejor posible y que desde luego no era tan interesante como para que os martirice con su lectura.

Espero sepáis disculparme y no me olvidéis. Yo no os olvidaré y volveré en cuanto pueda. De todas formas, creo que todos mis amigos tendrán mi mail y podremos seguir en contacto siempre que os apetezca.

Besos para todos.

Un traguito, del más humilde

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias, Mario

18.000 amaneceres

Ayer una de mis tías me dijo que ha visto 18.000 amaneceres y lo peor, me decía, es que no ha disfrutado ninguno porque siempre pensó que el amanecer ideal estaba esperándola en algún otro momento del futuro, pero no ha habido nada más, ninguna emoción inesperada ni definitiva, su día a día ha sido todo y ahora, cerca de su cumpleaños, piensa que se le ha pasado la vida mientras asumía que todavía le quedaba tiempo, que la vida no era eso, esa serie inacabable de días iguales, sino que había otra cosa, algo más, que la esencia de la felicidad estaba esperándola agazapada en alguna parte, escondida y esperándola, mientras ella deseaba con todas sus fuerzas encontrarla y así día tras día hasta sumar 18.000.

Casi medio siglo resumido en una cifra tan exagerada y ridícula. Una vida entera de penas y alegrías, de sinsabores y felicidad, siempre bordeada con los punzantes picos de la esperanza y la desesperación, una vida de trabajo, de sol y de lluvia, de mar mediterráneo y arena que quema bajo los pies; las coletas para ir al colegio muy apretadas, tanto que tiran de la piel de la cara; la rayuela con las amigas en la calle; hace demasiado calor; la primera menstruación como algo místico y secreto; las monjas me dan en los dedos con la regleta de madera si me equivoco en el piano, pero estoy contenta porque las vecinas dicen que soy la más guapa del barrio y me sale un novio, el primero, que escribe unas cartas muy mal escritas, pero que me hacen más ilusión que un poema de Neruda y es viernes y hoy puedo salir a tomarme un helado a la plaza y luego vamos al cine; ya es casi verano, he terminado el bachiller y quiero ir a la universidad, pero no puedo: las mujeres no estudian, se casan. Unas vacaciones en Mallorca, la piel dorada por el sol y un tinte que no queda bien porque es demasiado rubio y no sé cocinar y no sé qué hacer. Recién casada y un marido que no está nunca en casa, me paso los días bordando y los hijos que no llegan y cuando llegan sen van antes de nacer, un aborto y otro, ‘el útero es infantil, no se ha desarrollado'. Y un día y otro, demasiada ropa, en la habitación de los niños voy a hacer un despacho. Mi madre ha muerto, murió ayer. Y, como Juana la Loca, mi madre ha muerto, mi marido me engaña, mi madre ha muerto, mi marido... tengo ganas de gritar, pero no grito, me tomo un ansiolítico. Él tiene una hija, mi marido es padre, pero yo no soy madre, a mí nadie me llorara cuando me entierren, nadie pondrá en la lápida: ‘Tus hijos no te olvidan' Y llega el divorcio, el primero del barrio. Y otras mujeres me miran con lástima, como si tuviera una enfermedad incurable, y redoblo los ansiolíticos y cuando no me hacen efecto me paso a los anti-depresivos, me tomo uno y me duermo, pero ya no, ahora necesito más de uno. Y pienso en adoptar un niño, pero no me atrevo porque estoy sola y pienso que lo haré más adelante, cuando me encuentre mejor y ese momento no llega. Y de pronto, me miro al espejo y no sé cómo ha ocurrido, la piel se me ha caído, tengo los ojos cansados y el pelo sin brillo, ¿pero cómo ha pasado esto? ¿Dónde está mi juventud?

Me siento igual que cuando llevaba coletas, era tan guapa, tan guapa y por dentro no he cambiado, pero el espejo no miente, no cabe duda, 18.000 amaneceres y sé, por primera vez sé más allá de toda duda, que se me ha escapado la vida mientras la esperaba, se me ha evaporado entre los dedos como si fuera agua y hay tantas cosas que quería hacer y nunca he hecho, y ya no hay tiempo, ya no hay tiempo y descubro una verdad esencial que solo descubrimos cuando ya no queda tiempo para disfrutarla: La felicidad se encuentra escondida en la sala de espera de la felicidad.